Vidas Cristianas : Historias y Biografías de la Vida de Santas y Santos de la Iglesia Católica
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20 de enero: San Sebastián, Mártir

San Sebastián, Mártir La Iglesia que Dios fundó conmemora a San Sebastián, Mártir, quien prefirió ser soldado de Cristo a ser capitán de la guardia imperial, aunque le costara la vida.

El nombre "Sebastián" significa: "Digno de respeto. Venerable". Sebastián nació en Narbona (Francia), el año 256, en el seno de una familia militar, noble y cristiana, y se educó en Milán, Italia, para seguir la carrera militar de su padre.

Marchó a Roma, donde ya se hacía insoportable la persecución contra los cristianos por causa de la fe, para confortar y ayudar a los seguidores de Jesús de Nazaret. Una vez, un mártir estaba para desanimarse a causa de las lágrimas de sus familiares, pero el militar Sebastián lo animó a ofrecer su vida por Jesucristo, y así aquel creyente obtuvo el glorioso martirio.

El emperador Diocleciano nombró a Sebastián capitán de la primera unidad o cohorte de la guardia pretoriana que tenía como misión escoltar y proteger a los emperadores romanos. Era muy respetado por todos y apreciado por los emperadores Maximiano y Diocleciano, que no estaban enterados aún de que Sebastián era cristiano.

Cumplía con sus deberes y la disciplina militar, pero no participaba en los sacrificios a los ídolos. Aprovechaba su cargo para visitar, auxiliar y animar a los cristianos encarcelados por causa de Cristo. Sin embargo, esta situación no podía durar mucho, y finalmente fue denunciado al emperador Maximiano.

Maximiano lo llamó y le dio a escoger: dejar de ser cristiano y ser ascendido en el ejército, o ser degradado de sus cargos. Lo obligó a escoger entre ser su soldado de confianza o seguir a Jesucristo. El santo, que había hecho su confirmación sacramental, escogió permanecer fiel a Cristo.

Contrariado, el emperador lo amenazó de muerte, pero San Sebastián se mantuvo firme en su fe. Enfurecido, Maximiano lo condenó a morir a flechazos: los soldados del emperador lo llevaron al estadio, lo desnudaron, lo ataron a un poste y lanzaron sobre él una lluvia de saetas, retirándose después al darlo por muerto.

Sin embargo, sus amigos que fueron testigos a distancia, se acercaron, y al verlo todavía con vida, lo llevaron a casa de una noble cristiana romana, llamada Irene, que lo mantuvo escondido en su casa y le curó las heridas hasta que quedó restablecido.

Sus compañeros le aconsejaron que huyera de Roma, pero el santo se negó pues su corazón se sintió impulsado a proclamar abiertamente y más fuerza al Rey de reyes y Señor de señores. Se presentó con valentía ante el mismo emperador que lo miró desconcertado, porque lo daba por muerto, y el santo le reprochó con energía su conducta por perseguir a los cristianos.

Murió en el año 288, en Roma. Maximiano, en su dureza de corazón, mandó que lo azotaran hasta morir, y los soldados cumplieron esta vez sin errores la misión y tiraron su cuerpo en un lodazal. Los cristianos lo recogieron y lo enterraron en la Vía Apia, en la célebre catacumba que lleva el nombre de San Sebastián, en el lugar donde hoy se levanta la basílica que también lleva su nombre.

El culto a San Sebastián es muy antiguo; es invocado contra flechas envenenadas, peste, enfermedades y por la conversión de los enemigos de la religión. San Ambrosio pronunció hermosos sermones acerca de San Sabastián. Es patrono de los arqueros, los soldados y los atletas y además es llamado el "Apolo cristiano", ya que es uno de los santos más reproducidos por el arte en general.

Oración

Te rogamos, Señor, nos concedas el espíritu de fortaleza para que, alentados por el ejemplo glorioso de tu mártir San Sebastián, aprendamos a someternos a ti antes que a los hombres. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

20 de enero: San Fabián, Papa y Mártir

San Fabián, Papa y Mártir La Iglesia seguidora de Cristo conmemora a San Fabián, Papa y Mártir, quien fue Sumo Pontífice por 14 años, del año 236 al 250.

El historiador Eusebio cuenta que en el año 236, al morir el Papa San Antero, el clero de Roma se reunió junto con los fieles creyentes, para elegir al nuevo Papa, y que estando allí reunidos, vieron descender una paloma sobre la cabeza del laico Fabián.

No habían pensado elegirlo a él porque aún no era sacerdote; pero ante esta señal considerada divina, clero y pueblo lo eligieron, y fue ordenado sacerdote y consagrado obispo. A pesar de las amenazas de persecución, el Papa Fabián organizó el cuadro religioso de la Roma cristiana, dividiendo la ciudad en siete distritos, administrados cada uno por un diácono.

El emperador Decio ordenó en el 250 una terrible persecución contra los cristianos y al primero que mandó matar fue al Papa San Fabián, el 20 de enero de 250. Su cuerpo fue sepultado ese día en el cementerio de Calixto, en la vía Apia de Roma.

Decio consideraba a San Fabián como enemigo personal y rival suyo, pues el Papa se opuso terminantemente a la adoración del emperador, requisito de Decio para salvarse de la persecución, y animaba a los fieles a perseverar en Cristo hasta el fin.

San Cipriano, al hacer el elogio de la lucha del Papa Fabián a favor de la fe y el pueblo cristiano, afirma que dejó el testimonio de haber regido la Iglesia de modo irreprochable e ilustre. Dijo de él: "Fue un hombre muy santo, y la gloria de su martirio correspondió a la gran pureza de su vida".

Oración

Señor Dios, gloria de aquellos que has escogido para tu servicio, te pedimos que, por la intercesión del Papa y mártir San Fabián, nos concedas progresar continuamente en la misma fe que él vivió y en el deseo de servirte cada día con mayor entrega. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Amén.

19 de enero: San Germánico, Mártir

San Germánico, Mártir La Iglesia conmemora a San Germánico, Mártir, quien fue un joven arrestado y martirizado por su fe en Esmirna, en el año 155, durante el reinado del emperador Antonino Pío. Cuando Germánico permaneció de pie en la arena, cara a cara con la bestia, el procónsul romano le rogó que, en vista de su juventud, negase su fe para obtener el perdón. Pero el joven no apostató, y voluntariamente abrazó el martirio.

Germánico vivió en el siglo II, fue discípulo de San Policarpo, el obispo de Esmirna, en la provincia romana de Asia (hoy Turquía), quien a su vez lo fue del Apóstol San Juan. Casi todo lo que sabemos de Germánico procede de lo que nos dice la carta a los cristianos de Esmirna sobre la persecución en la que fue hecho prisionero San Policarpo: "Pero demos gracias a Dios, porque Germánico triunfó de sus enemigos".

En efecto, el muy noble joven alentó el valor de los otros con su constancia, e hizo frente a las fieras, en forma admirable. Como el procónsul tratase de salvarle, rogándole que se apiadara de su propia juventud, Germánico expresó su deseo de verse libre de la compañía de hombres tan descarriados.

Estando frente a las fieras, él mismo las provocó valientemente para que le atacaran. Al ver la multitud pagana el maravilloso valor de los cristianos, amados del Señor y temerosos del Dios verdadero, empezó a gritar furiosa: "¡Mueran los enemigos de los dioses! ¡Traed a Policarpo!".

Este relato procede de documentos que gozan de plena confianza sobre la Iglesia primitiva. Eusebio, obispo e historiador de Cesarea que vivió en el siglo III, cita este pasaje en su "Historia Eclesiástica", y el texto completo nos ha llegado por una fuente independiente.

Hay que notar que San Germánico, al provocar contra sí a las fieras para librarse cuanto antes de la vileza de incrédulos violentos para gozar en el Cielo de la compañía de Dios y de Sus santos, hizo realmente el gesto que el Padre Apostólico San Ignacio de Antioquía, se proponía hacer, según lo indica en su carta a los cristianos de Roma (ad Rom. 5).

Oración

Dios todopoderoso y eterno, que al premiar a los santos nos ofreces una prueba de tu gran amor hacia los hombres, te pedimos que la intercesión y el ejemplo de San Germánico nos sirva siempre de ayuda para seguir más fielmente a Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo por los siglos de los siglos. Amén.

18 de enero: Santa Prisca o Priscila, Mártir

Santa Prisca o Priscila, Mártir La Iglesia Católica recuerda a Santa Prisca o Priscila, Mártir del primer siglo de la era cristiana. Ella y su esposo Aquila prestaron muy valiosos servicios a la naciente Iglesia que Cristo fundó.

Esto consta en la carta de San Pablo a los Romanos: "Saludad a Prisca y Aquila, colaboradores míos en Cristo Jesús. Ellos expusieron sus cabezas para salvarme. Y no soy solo en agradecérselo, sino también todas las Iglesias de la gentilidad" (Romanos 16,3-4).

Proporcionaron su propia casa para el uso de la Iglesia: "Os envían muchos saludos Aquila y Prisca en el Señor, junto con la Iglesia que se reúne en su casa" (1 Corintios 16, 19).

El nombre Priscila es el diminutivo de Prisca (que viene de la lengua latina y significa "Antigua"). Ella es muy mencionada junto con su esposo en el Nuevo Testamento. Aquila era judío y posiblemente Priscila también; vivían en Roma, hasta que el emperador Claudio promulgó un decreto por el que ordenó salir de Roma a todos los judíos.

Priscila y su esposo se fueron a vivir a Corinto, en Grecia. El nombre Prisca lo utiliza San Pablo para referirse a esta santa cuando la menciona en sus cartas o epístolas, mientras que Priscila aparece en los Hechos de los Apóstoles, de San Lucas.

Estuvieron con Pablo en varios lugares, como Roma, Éfeso y Corinto, con quien anduvieron desde el año 50. En Corinto, Pablo se quedó a vivir y a trabajar con ellos, pues tenían el mismo oficio: fabricaban tiendas (Hechos 18,1-3). También Aquila y Priscila evangelizaban, pues conocían exactamente el Camino y lo exponían con precisión (Hechos 18,26).

Desde muy antiguo se le tributó culto en Roma a esta joven romana. En el siglo IX, mediante las excavaciones arqueológicas, se descubrió e identificó que estaba enterrada en Aventine con el nombre de "Priscila, mujer de Aquila, judío cristiano".

Según las Actas escritas en el siglo X y por lo tanto sin valor histórico, cuando hablan de ella, dicen que era una joven a la que llevaron al anfiteatro para la diversión de la gente. Se lanzó sobre ella un león y, en lugar de hacerla pedazos, se echó sus pies.

En vista de esta situación, la devolvieron de nuevo a la cárcel. Se dice que, cuando la mataron, un águila velaba su cuerpo hasta que la enterraron en las Catacumbas de Priscila, en donde hay en la actualidad una iglesia dedicada a su nombre desde el siglo IV.

Al respecto, lo que sí se puede afirmar con toda certeza es que existe en Roma la bella iglesia de Santa Prisca que, significando el triunfo de Cristo, se construyó sobre el santuario de Mitra, un dios falso de origen persa que era el dios sol de los paganos.

En lo que respecta al arte, los pintores la plasmaron en sus cuadros como una joven mártir con un león o dos, una espada y un águila cerca de ella. El león domado o domesticado a sus pies simboliza la caída del paganismo, al igual que la construcción de la iglesia sobre un templo pagano.

Santa Priscila es para nosotros un ejemplo claro de sacrificio por la fe en Cristo.

Oración

Dios todopoderoso y eterno, que al premiar a los santos nos ofreces una prueba de tu gran amor hacia los hombres, te pedimos que la intercesión y el ejemplo de Santa Priscila nos sirva siempre de ayuda para seguir más fielmente a Jesucristo, tu Hijo. Que vive y reina contigo por los siglos de los siglos. Amén.

17 de enero: San Antonio, Abad

San Antonio, Abad La Iglesia universal conmemora a San Antonio, Abad, quien dócil a la inspiración de Dios abandona y desprecia el mundo en la flor de su edad, para consagrarse a Dios en el desierto el resto de su vida.

Conocemos la vida del abad Antonio, cuyo nombre significa "floreciente" y al que la tradición llama "el Grande", principalmente a través de la biografía redactada por su discípulo san Atanasio, a fines del siglo IV.

Este escrito, fiel a los estilos literarios de la época y ateniéndose a las concepciones entonces vigentes acerca de la espiritualidad, subraya en la vida de Antonio -más allá de los datos maravillosos- la permanente entrega a Dios en un género de consagración del cual él no es históricamente el primero, pero sí el prototipo.

En su juventud, Antonio, que era egipcio e hijo de acaudalados campesinos, se sintió conmovido por las palabras de Jesús, que escuchó durante la Santa Misa: "Si quieres ser perfecto, anda y vende cuanto tienes, y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo: ven después, y sígueme." (Mateo, 11, 21).

Así lo hizo el rico heredero a la edad de 20 años, reservando sólo parte para una hermana, a la que entregó, parece, al cuidado de unas vírgenes consagradas. Llevó inicialmente vida apartada en su propia aldea, pero pronto se marchó al desierto.

En su búsqueda de soledad y persiguiendo el desarrollo de su experiencia centrada en la oración y en la meditación, llegó a fijar su residencia entre unas antiguas tumbas, usando un sepulcro vacío. Pero hasta su retiro solitario le persiguieron las tentaciones del mundo, del demonio y de su propia carne. Y Antonio luchó contra ellas con todas sus fuerzas.

Frutos de este combate fueron una paciencia celestial, una dulzura angelical, una calma infinita. Las gentes iban a verle, y, aunque ni por su traje ni por sus maneras tenía distintivo alguno, le reconocían apenas se encontraban frente a él. Otro ermitaño acostumbraba hacerle cada año una visita, pero sin decirle nunca una sola palabra. Como el santo le preguntase la causa de aquel silencio: "Padre mío —respondió él—, con verte me basta."

Hasta él llegaban obispos católicos y sacerdotes de ídolos, doctores de la Iglesia y filósofos paganos. Una vez preguntó a dos de ellos: "¿Por qué, oh filósofos, os habéis molestado por ver a un insensato?" "No te creemos tal —respondieron ellos—, al contrario, la sabiduría ha descendido sobre tu cabeza." "Si creéis que soy sabio —replicó él—, debéis imitarme; pues no es de cuerdos huir de aquello que se aprecia."

A Dídimo, famoso sabio cristiano, le preguntó si estaba triste por haber perdido la vista, y como él contestó que sí, replicó Antonio: "Es extraño que un hombre tan sensato como tú eche de menos los ojos, que nos son comunes con las moscas, teniendo la luz más preciosa de los apóstoles y de los santos."

Pronto la fama de su ascetismo o doctrina encaminada a la liberación del espíritu y el logro de la virtud, se propagó y se le unieron muchos fervorosos imitadores, a los que organizó en comunidades de oración y trabajo. Una vez realizada esta exitosa obra, se retiró a una soledad más estricta internándose en el desierto.

No sin nuevos esfuerzos y desprendimientos personales, alcanzó la cumbre de sus dones carismáticos, logrando conciliar el ideal de la vida solitaria con la dirección de un monasterio cercano, e incluso, a sus 100 años de edad, viajando a Alejandría para defender la doctrina de la Iglesia católica y reprender a los arrianos que se decían cristianos pero no creían que Jesucristo es Dios.

Sobre todo, Antonio, fue padre de monjes, que es lo que significa ser "abad", demostrando en sí mismo la fecundidad del Espíritu Santo. La colección de anécdotas, conocidas como "apotegmas" o breves ocurrencias que nos ha legado la tradición, lo revela poseedor de una espiritualidad incisiva, siempre genial e implacablemente fiel a la sustancia de la revelación evangélica. Se conservan algunas de sus cartas, cuyas ideas principales confirman las que Atanasio le atribuye en sus escritos.

Antonio murió en el año 356, muy anciano, de 105 años, en las laderas del monte Colzim, próximo al mar Rojo. La figura del abad delineó casi definitivamente el ideal monástico que perseguirían muchos fieles de los primeros siglos.

No siendo hombre de estudios, no obstante, demostró con su vida lo esencial de la vida monástica, que intenta ser precisamente una esencialización de la práctica cristiana: una vida bautismal despojada de cualquier aditamento.

Para nosotros, San Antonio Abad encierra un mensaje válido y actualísimo: el apartarse del mundo estando en el mundo como retirarse al desierto continúa siendo un desafío: el del seguimiento extremo de Cristo, el de la confianza irrestricta en el poder del Espíritu de Dios.

Oración

Padre nuestro, te rogamos que la intercesión de San Antonio, abad, nos haga agradables ante Ti, a fin de que obtengamos por su asistencia lo que no podemos esperar de nuestros méritos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén

16 de enero: La Iglesia conmemora a San Marcelo I, Papa

San Marcelo I, Papa La Iglesia conmemora a San Marcelo I, Papa. En la serie de los Pontífices de la cual San Pedro Apóstol es el primero, el Papa Marcelo ocupa el lugar número 30. Fue Pontífice por un año: del 308 al 309. El nombre "Marcelo" significa: "Guerrero".

Era uno de los más valientes sacerdotes de Roma en la terrible persecución del emperador Diocleciano en los años 303 al 305. Animaba a todos a permanecer fieles al cristianismo aunque los martirizaran. Elegido Sumo Pontífice, se dedicó a reorganizar la Iglesia que estaba muy desorganizada porque ya hacía 4 años que había muerto el último Pontífice, San Marcelino.

Era un hombre de carácter enérgico, pero bondadoso y cortés. Se dedicó a reedificar los templos destruidos en la anterior persecución. Dividió la ciudad de Roma en 25 sectores o parroquias y al frente de cada una nombró a un Presbítero como párroco. Construyó un nuevo cementerio que llegó a ser muy famoso y se llamó "Cementerio del Papa Marcelo".

En la más reciente persecución, muchos cristianos habían renegado de la fe por miedo, pero deseaban volver a la Iglesia. Unos (los rigoristas) decían que nunca más se les debía volver a aceptar. Otros (los "manguianchos") decían que había que admitirlos sin más ni más otra vez en la religión.

El Papa Marcelo, apoyado por los mejores sabios de la Iglesia, decretó sí aceptarlos nuevamente en la religión si estaban arrepentidos y pedían ser aceptados otra vez, pero no admitirlos sin más ni más, sino exigirles antes que hicieran penitencia por haber renegado de la fe.

Muchos aceptaron la decisión del Pontífice, pero algunos, los más perezosos para hacer penitencias, promovieron tumultos contra él. Y uno de ellos, apóstata y renegado, lo acusó ante el emperador Majencio, el cual, abusando de su poder que no le permitía inmiscuirse en los asuntos internos de la religión, decretó que Marcelo quedaba expulsado de Roma.

Era una expulsión injusta porque él no estaba siendo demasiado riguroso, sino que estaba manteniendo en la Iglesia la necesaria disciplina, porque si al que a la primera persecución ya reniega de la fe y se le readmite sin más ni más, entonces, la religión se llega a convertir en un simple juego.

El Papa San Dámaso escribió medio siglo después el epitafio del Papa Marcelo y dice allí que fue expulsado por haber sido acusado injustamente por un renegado.

El "Libro Pontifical", un libro sumamente antiguo, afirma que en vez de irse al destierro, Marcelo se escondió en la casa de una señora muy noble, llamada Lucina, y que desde allí siguió dirigiendo a los cristianos y que así aquella casa se convirtió en un verdadero templo, porque allí celebraba el Pontífice la Misa de cada día.

Un Martirologio (o libro que narra historias de mártires) redactado en el siglo quinto, dice que el emperador descubrió dónde estaba escondido Marcelo e hizo trasladar allá sus mulas y caballos convirtiendo la residencia en un gran establo, y obligó al Papa a dedicarse a asear esa enorme pesebrera. Agotado de tan duros trabajos falleció el Pontífice en el año 309.

La casa de Lucina fue convertida después en "Templo de San Marcelo" y es uno de los templos de Roma que tiene por titular a un Cardenal.

Oración

Señor Dios: concédenos la gracia de no renegar jamás de nuestras creencias cristianas, y haz que te ofrezcamos las debidas penitencias por nuestros pecados. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén

15 de enero: San Pablo el Ermitaño

San Pablo el Ermitaño Recordemos a San Pablo el Ermitaño, quien fue el primer ermitaño, es decir, el primer católico que resolvió vivir en forma solitaria y retirada del mundo, dedicándose a la oración y penitencia por el perdón de los pecados y la conversión del mundo.

La vida de este santo fue escrita por el gran sabio San Jerónimo, en el año 400. Nació Pablo hacia el año 228, en Tebaida, una región que queda junto al río Nilo en Egipto y que tenía por capital a la ciudad de Tebas.

Fue bien educado por sus padres, aprendió griego y bastante cultura egipcia. Pero a los 14 años quedó huérfano. Era bondadoso, piadoso, amaba profundamente a Cristo y a su religión.

En el año 250 estalló la persecución de Decio, emperador de Roma, que quería hacer que los cristianos renegaran de su religión. Pablo se vio ante estos dos peligros: o renegar de su fe y conservar sus fincas y casas, o ser atormentado con tan diabólica astucia que lo lograran acobardar y lo hicieran pasarse al paganismo con tal de no perder sus bienes y no tener que sufrir más torturas.

Como veía que muchos cristianos renegaban por miedo, y él no se sentía con la suficiente fuerza de voluntad para ser capaz de sufrir toda clase de tormentos sin renunciar a sus creencias, prudentemente dispuso más bien esconderse.

Pero un cuñado suyo que deseaba quedarse con sus bienes, lo denunció ante las autoridades. Entonces Pablo huyó al desierto. Allá encontró unas cavernas donde varios siglos atrás los esclavos de la reina Cleopatra fabricaban monedas.

Escogió por capilla y vivienda una de esas cuevas, cerca de la cual había una fuente de agua y una palmera. Las hojas de la palmera le proporcionaban vestido. Sus dátiles le servían de alimento, y la fuente de agua le calmaba su sed.

Al principio el pensamiento de Pablo era quedarse allí únicamente el tiempo que durara la persecución, pero luego se dio cuenta de que en la soledad del desierto podía hablar tranquilamente a Dios y escucharle tan claramente los mensajes que Él le enviaba desde el cielo, que decidió quedarse en el desierto para siempre y no volver jamás a la ciudad donde tantos peligros había de ofender a Nuestro Señor. Se propuso ayudar al mundo no con negocios y palabras, sino con penitencias y oración por la conversión de los pecadores.

Dice San Jerónimo que cuando la palmera no tenía dátiles, cada día venía un cuervo y le traía medio pan, y con eso vivía nuestro santo ermitaño. Llamamos ermitaño al que lleva una vida solitaria en una "ermita" o capilla que le sirve de vivienda, generalmente ubicada en despoblado.

Después de pasar allí en el desierto orando, ayunando, meditando, por más de setenta años seguidos, ya creía que moriría sin volver a ver rostro humano alguno, y sin ser conocido por nadie, cuando Dios dispuso cumplir aquella palabra que dijo Cristo: "Todo el que se humilla será engrandecido", y sucedió que en aquel desierto había otro ermitaño haciendo penitencia. Era San Antonio Abad.

A San Antonio le vino la tentación de creer que él era el ermitaño más antiguo que había en el mundo, y una noche oyó en sueños que le decían: "Hay otro penitente más antiguo que tú. Emprende el viaje y lo lograrás encontrar". Antonio madrugó a partir de viaje y después de caminar horas y horas llegó a la puerta de la cueva donde se encontraba Pablo.

Los dos santos, sin haberse visto antes nunca, se saludaron cada uno por su respectivo nombre. Luego se arrodillaron y dieron gracias a Dios. Y en ese momento llegó el cuervo trayendo un pan entero. Entonces Pablo exclamó: "Mira cómo es Dios de bueno. Cada día me manda medio pan, pero como hoy has venido tú, el Señor me envía un pan entero."

Bajaron a la fuente y bebieron agua cristalina. Era todo el alimento que tomaban en 24 horas. Medio pan y un poco de agua. Y después de charlar de cosas espirituales, pasaron toda la noche en oración.

A la mañana siguiente Pablo anunció a Antonio que sentía que se iba a morir y le dijo: "Vete a tu monasterio y me traes el manto que Atanasio, el gran obispo, te regaló. Quiero que me amortajen con ese manto". San Antonio se admiró de que Pablo supiera que San Atanasio le había regalado ese manto, y se fue a traerlo.

Cuando ya venía de vuelta, contempló en una visión que el alma de Pablo subía al cielo rodeado de apóstoles y de ángeles. Y exclamó: "Pablo, Pablo, ¿por qué te fuiste sin decirme adiós?". Después Antonio dirá a sus monjes: "Yo soy un pobre pecador, pero en el desierto conocí a uno que era tan santo como un Juan Bautista: era Pablo el ermitaño".

Cuando llegó a la cueva encontró el cadáver del santo, arrodillado, con los ojos mirando al cielo y los brazos en cruz. Parecía que estuviera rezando, pero al no oírle ni siquiera respirar, se acercó y vio que estaba muerto. Murió en la ocupación a la cual había dedicado la mayor parte de las horas de su vida: orar al Señor.

Antonio se preguntaba cómo haría para cavar una sepultura allí, si no tenía herramientas. Pero de pronto oyó que se acercaban dos leones, como con muestras de tristeza y respeto, y ellos, con sus garras cavaron una tumba entre la arena y se fueron. Y allí depositó San Antonio el cadáver de su amigo Pablo.

San Pablo murió el año 342 cuando tenía 113 años de edad y cuando llevaba 90 años orando y haciendo penitencia en el desierto por la salvación del mundo. Se le llama el primer ermitaño, por haber sido el primero que se fue a un desierto a vivir totalmente retirado del mundo, dedicado a la oración y a la meditación.

San Jerónimo decía: "Si el Señor me pusiera a escoger, yo preferiría la pobre túnica de hojas de palmera con la cual se cubría Pablo el ermitaño, porque él era un santo, y no el lujoso manto con el cual se visten los reyes tan llenos de orgullo".

San Pablo el ermitaño con su vida de silencio, oración y meditación en medio del desierto, ha movido a muchos a apartarse del mundo y dedicarse con más seriedad en la soledad a buscar la satisfacción que perdura y la eterna salvación.

Oración

Oh Señor: Tu que moviste a San Pablo el primer ermitaño a dejar las vanidades del mundo e irse a la soledad del desierto a orar y meditar, concédenos también a nosotros, dedicar muchas horas en nuestra vida, apartados del bullicio mundanal, a orar, meditar y a hacer penitencia por nuestra salvación y por la conversión del mundo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén

14 de enero: San Félix de Nola

San Félix de Nola La Iglesia recuerda a San Félix de Nola, Confesor y Mártir, quien aunque no murió de manera violenta, es reconocido como mártir por los numerosos sufrimientos que, por su fidelidad a Cristo y a Su Iglesia, padeció durante su vida.

Nola es una pequeña y antiquísima ciudad, situada a unos 20 kilómetros de Nápoles, en el sur de Italia. Allí vio la luz san Félix en el siglo III, cuyo nombre significa "feliz". Su padre Hermias era sirio, de profesión militar. Nuestro santo, en cambio, prefirió ser soldado de Cristo.

Poco sabemos de su infancia y juventud; en cambio, sabemos con certeza que padeció las terribles persecuciones desatadas por los emperadores Decio y Valeriano para destruir la Iglesia fundada por Cristo, ordenando prender y procesar principalmente a los obispos, presbíteros y diáconos.

Máximo, el obispo de Nola, quien era ya muy anciano y enfermo, se refugió en los montes Apeninos. Félix, que era presbítero, se quedó en la ciudad para sustituirlo en sus deberes pastorales, ayudando a los fieles y atendiendo a los pobres. Félix fue un ejemplo de devoción al obispo: socorrió a Máximo corriendo gravísimos riesgos y pronto también compartiría con él la dura experiencia de la persecución.

No duró mucho tiempo la seguridad de Félix, pues Nola era una ciudad pequeña donde todos se conocían y él nunca disimuló su condición de cristiano. Arrestado y conducido a la cárcel, lo azotaron, lo encadenaron y lo echaron en un calabozo cuyo piso estaba cubierto de vidrios, y así permaneció durante meses. Por su parte, en las montañas, el obispo Máximo padecía hambre, frío, enfermedad y dolor.

Pero un ángel se le apareció a Félix y lo liberó para que ayudase al obispo Máximo: las cadenas cayeron, las puertas se abrieron y el santo pudo marchar a buscar a su obispo. Lo encontró casi muerto. Ante su incapacidad de hacerlo volver en sí, el Santo acudió a la oración y al punto apareció un racimo de uvas, cuyas gotas derramó sobre los labios del maestro, el cual recuperó el conocimiento siendo conducido luego a su Iglesia.

Los soldados persiguieron a Félix para volverlo a encarcelar. Félix se escondió en una cueva y de pronto una araña tejió su telaraña sobre la entrada. Cuando llegaron los soldados y vieron la telaraña, ya no miraron adentro, pensando que nadie podía haber entrado recientemente allí, y así Félix escapó. Durante seis meses tuvo que vivir escondido en un pozo seco.

Su persecución acabó el año siguiente y Félix volvió a sus tareas. Durante la persecución, los soldados confiscaron sus bienes y para poder sobrevivir trabajó en el campo, repartiendo los frutos entre los pobres.

Una noche, unos ladrones fueron a robarle en el huerto, pero al llegar, una fuerza les hizo pasar la noche trabjando en el campo. Cuando amaneció, Félix los vio y les agradeció el trabajo realizado. Los ladrones le confesaron avergonzados la auténtica intención que tenían, pero fueron perdonados y se marcharon en paz.

Habiendo escapado de la furia desatada por Decio, Félix se vio nuevamente amenazado, junto con toda su comunidad, por las disposiciones que contra los cristianos dictó desde Roma el nuevo emperador Valeriano, entre los años 256 y 257.

Al morir Máximo quisieron forzar a Félix a ocupar la silla episcopal, pero él rehusó tal dignidad, prefiriendo continuar como presbítero su misión evangelizadora. Murió el 14 de enero, se cree que del año 260. Aunque no murió de manera violenta, es reconocido como mártir por los numerosos sufrimientos que pasó durante su vida.

Su cuerpo fue oculto en la basílica de Cimitile, cerca de Nola, y su sepulcro se convirtió en lugar de peregrinación: su tumba fue llamada “Ara Veritatis”, porque se decía que podía indicar si el testimonio que se daba era verdadero. En Roma le fue consagrada una basílica. Los campesinos de su tierra invocan a san Félix de Nola como protector de los ganados.

San Paulino de Nola, quien tuvo a Félix como su santo protector, describe su vida en los poemas que le dedica, escritos entre 395 y 409. También escribieron de él Beda el Venerable y San Agustín. El papa San Dámaso le dedicó un poema y le consagró la basílica que contiene sus restos. San Gregorio de Tours ha escrito sobre los numerosos milagros operados junto a su tumba.

Oración

Señor Dios, Rey Omnipotente: tú que le permitiste a tu mártir San Félix conseguir favores tan maravillosos para sí y para sus devotos, haz que nuestra fe sea también tan grande que consigamos maravillosas intervenciones tuyas en favor nuestro y en favor de los que necesitan la ayuda de nuestra oración. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén

12 de enero: San Arcadio de Mauritania

San Arcadio de Mauritania La Iglesia celebra el nacimiento al cielo de San Arcadio, quien fue martirizado en la persecución del emperador Diocleciano en el año 304, en Mauritania (hoy Argelia), al norte de África.

Arcadio, eminente ciudadano, al darse cuenta de todo esto, se ocultó en las montañas para no comprometer a su familia al negarse a adorar ídolos. En su retiro, Arcadio oraba, ayunaba y, cuando podía, ayudaba a sus hermanos cristianos. Pero por su condición distinguida en la población, su ausencia no pudo pasar mucho tiempo inadvertida. La policía llegó a su casa y se llevó a uno de sus familiares como rehén, amenazando que si Arcadio no aparecía, moriría su familiar.

Cuando Arcadio se enteró de esto, regresó de su retiro en la montaña y se presentó ante el tribunal pidiendo que lo apresaran a él pero que dejaran libre a su familiar. Los dichos y hechos durante el martirio de Arcadio quedaron asentados en las actas del tribunal de Mauritania.

El juez le prometió la libertad para él y para su pariente si adoraba ídolos y les quemaba incienso. Arcadio respondió: "Yo sólo adoro al Dios Único del cielo y a su Hijo Jesucristo". Su pariente fue puesto en libertad, pero él fue a la prisión.

Los jueces dispusieron convencerlo a base de amenazas y le dijeron que si no dejaba de ser cristiano lo despedazarían cortándole manos y pies, pedazo por pedazo. Arcadio respondió: "Pueden inventar todos los tormentos que quieran contra mí. Pero estén seguros de que nadie ni nada me apartará del amor de Jesucristo. Espero no traicionar nunca mi fe. Es tan alto el premio que espero en el cielo, que los tormentos de la tierra me parecen pocos con tal de conseguirlo".

Le presentaron entonces ante sus ojos todos los instrumentos con los cuales acostumbraban torturar a los cristianos para que renunciaran a su religión: garfios de hierro afilados, látigos con puntas de plomo, carbones encendidos, etc., etc. Pero nuestro mártir no se dejó asustar y continuó diciendo que prefería morir antes que ser infiel a la religión de Cristo.

Entonces el tribunal decreta que sea despedazado a cuchilladas, primero los brazos, pedazo por pedazo, y luego los pies. Así lo hacen. Arcadio siente que su cuerpo se estremece de dolor, pero al mismo tiempo recibe en su alma una fuerza tal del Espíritu Santo que lo mueve a ofrecer cada miembro cortado a Dios entonando himnos de adoración y acción de gracias. Los que están allí presentes se estremecen ante tan enorme valentía.

Cuando le presentan ante sus ojos todos los pedazos de manos y de pies que le habían quitado a cuchilladas, exclama: "Dichoso cuerpo mío que ha podido ofrecer este sacrificio a mi Señor Jesucristo". Y dirigiéndose a los presentes les dice: "Los sufrimientos de esta vida no son comparables con la gloria que nos espera en el cielo. Renuncien a hacer sacrificios a los ídolos. Sólo hay un Dios verdadero: nuestro Dios que está en el cielo. Y un sólo Señor: Jesucristo, Nuestro Redentor".

Y quedó suavemente dormido, muerto como mártir de Cristo. Los paganos se quedaron maravillados de tanto valor, y los cristianos recogieron su cadáver y empezaron a honrarlo como a un gran santo.

Oración

Señor Dios Omnipotente: te pedimos el favor de poder exclamar como tu mártir San Arcadio: "Primero lograrán sacar de mi cuerpo el corazón, que sacar de mi alma el amor hacia Jesucristo". Haz que la esperanza del premio que nos espera en el cielo nos lleve a resistir con valentía contra los enemigos de nuestra alma. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén

11 de enero: San Higinio, Papa y Mártir

San Higinio, Papa y Mártir Nació en Grecia (no se sabe la fecha con certeza), y murió en Roma, alrededor del año 140. Filósofo de origen ateniense, sucesor del mártir San Telésforo en la cátedra de San Pedro, durante su pontificado desplegó gran celo en la defensa de la fe entregada a los hombres por Cristo mediante los apóstoles, contra las herejías que surgieron en Roma, principalmente contra doctrinas gnósticas propagadas por Marción, Valentín y Cerdón.

Durante su pontificado organizó las órdenes menores en el clero y definió los grados de la jerarquía eclesiástica que habían quedado desorganizadas y confundidas debido a las persecuciones sufridas bajo los emperadores paganos Trajano, Adriano y Antonino Pío.

La tradición afirma que instauró la figura de los padrinos en el bautismo, con el objeto de que los bautizados fuesen guiados espiritualmente. Higinio estableció asimismo que todos los templos debían consagrarse y que para su construcción contasen con la autorización del obispo correspondiente.

Aunque no existen fuentes históricas que prueben su martirio, está considerado mártir por la Iglesia, pues tuvo que sufrir mucho durante los cuatro años que ocupó el trono pontificio. Por eso fue puesto entre los mártires, celebrándose su festividad el 11 de enero.

Su sepultura en las catacumbas vaticanas, es vecina de la tumba de San Pedro, el primer Papa, que a su vez se encuentra bajo el altar mayor de la Basílica de San Pedro, donde su actual sucesor celebra la Santa Misa.

Oración

Pastor eterno, mira con benevolencia a tu rebaño y consérvalo con protección constante, por tu bienaventurado Mártir y Soberano Pontífice Higinio, a quien constituiste pastor de la Iglesia universal. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén
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